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Tecnologia

¿Comida de papel? Chefs convierten el papel en un plato

El papel comestible fue una de las muchas argucias científicas que Homaro Cantu desplegó durante años en Moto, su restaurante con estrella Michelin de Chicago. El truco, que el cocinero alumbró en 2005, era el siguiente: tras modificar una impresora de inyección para poder cargarla con cartuchos de brebajes de frutas y verduras, se mandaban a imprimir fotos de cosas sabrosas bajadas de Internet que se plasmaron en papel de soja o de almidón de patata, posteriormente frito, horneado o congelado.

Al comensal le llegaba el invento en forma de carta de comidas, que, una vez leída, era desmenuzada (e ingerida) en el primer plato. Toda maniobra de ilusionismo parece nimia para el tipo que se sacudió una infancia de abandono e indigencia hasta convertirse en primera figura de la gastronomía molecular: pionero en trastear con las bayas milagrosas que todo lo endulzan (le hablamos de ellas el pasado mayo) o capaz de presentar un plato que emula a un animal atropellado para que combinemos el rechazo de lo visto con el placer de lo comido.

Su suicidio en 2015 restó lucidez al gremio. Pero la técnica del papel comestible sigue viva: Firo Vázquez (El Olivar, en Moratalla, Murcia), hoy su máximo exponente, arrasa en China, donde ha presentado una peculiar versión de Don Quijote de la Mancha, a base de papel de cereal (trigo y arroz) y tinta de calamar.

¿Probarías a Don Quijote a base de papel de cereal?

Fuente. EL PAÍS

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